El futuro de la mañana
Notaba como su verga entraba y salía deslizándose con suavidad por su conducto anal; eso le ponía aún más cachondo, les invitaba a redoblar los esfuerzos que a modo de empellones se sucedían cada vez con menos tiempo, dando así continuidad a movimientos acompasados que hacían que los gemidos de una y otro se mezclaran cada vez con más volumen; con una mano le agarraba su largo pelo recogido con una coleta improvisada, de la que daba tirones sin querer, con la otra la agarraba por la cintura, reacomodándola una y otra vez al escurrirse con el sudor abundante que afloraba por una piel tan excitada como húmeda.
Fue todo muy rápido; la encontró en una página de citas, cuando le comentó que llevaba un año separada le pidió el teléfono y quedaron dos días más tarde. El encuentro de dos amigos, ex-compañeros de piso, que con la ayuda de una botella de tinto Rioja , destilaron treinta años de vida y separación, contando penas y glorias que aún son resaltos que vadear al cruzar la barrera de los cincuenta.
El bar donde quedaron estaba apenas a unos metros de su portal, cuando quisieron darse cuenta ya se estaban comiendo la boca a mordiscos mientras esperaban el ascensor, con ansia de adolescentes curiosos y aprendices.
Nunca le gustó cuando compartieron vida y convivencia de estudiantes, tampoco se percató de si él podría gustarle a ella. Mientras le lamía los pezones, llevándola en volandas hasta el dormitorio, le venían a la cabeza recuerdos del piso que compartieron, del salón, de la cocina vieja y grasienta, de la terreza donde echaron tardes y noches de palique y cervezas.
Cosas de la mente, de recuerdos que afloran y que parecían enterrados en el tiempo; así mientras la follaba por el culo una y otra vez, se acordaba de la tienda de Mantequerías Leonesas donde iban a comprar los productos de limpieza, cadena de tiendas que cerró en Madrid con el paso de los años.
Con el rótulo amarillo con las letras rotuladas con el nombre del colmado en su cabeza, se corrió dentro ella; desplomados se dejaron vencer y se tumbaron mientras perdía la erección efecto. Embadurnados de un sudor que olía al perfume de ella, metiendo la cabeza entre sus cabellos revueltos, antes de que se quedará traspuesto oyó que ella le decía:
- No te vayas, quédate a dormir.
Pensando con botellas de lejía y detergente, abrazados y sumidos en un silencio que sólo cortaba la respiración cada vez más calmada, más tranquila, abandonaron el estado de conciencia y el capítulo de recapitulación del pasado. Quién sabe qué depararía el futuro de la mañana.
Comentarios
Publicar un comentario