Vidas

 Tenía cincuenta y siete años y un proyecto en ciernes.

 Con el grueso de la indemnización por su despido, alquiló un local, lo acondicionó para montar su panadería, no escatimó en dinero y esfuerzos, confiando en alcanzar la meta y entrar en beneficios a medio plazo. 

 Pero a veces los cálculos no son los que uno espera, ni la clientela respondió como esperaba. Tras muchos meses de apenas cubrir gastos, se dio de bruces con la realidad. Cierre y venta a precio de saldo de todo lo adquirido. Inversión ruinosa.

 Mientras hacía cola en la oficina de empleo, miraba en el móvil habitaciones para compartir en pisos en los que antes los inquilinos apenas sobrepasaban los treinta años. Geriátricos patera, con habitaciones que cambian de manos a la velocidad de vértigo, decía él antes, desconocedor de que sería inquilino de uno de ellos con el paso del tiempo.

 Sin casa, sin familia, sin trabajo, dando de comer a las palomas en un parque, sin nada en lo que invertir su tiempo, ese que antes no tenía y ahora le sobraba. El paso de las horas era una losa que no podía cargar. Era cuestión de tiempo de que en su cabeza algo se fundiera a negro.

 Sólo necesitaba algo que encendiera la mecha; a veces la chispa surge por donde menos se espera y de la manera más absurda.

 Aquella mañana cuando no pudo localizar a su hija, esa que le pasaba bajo cuerda dinero sin la mirada crítica y hostil de su marido, reacio a darle nada a su suegro, vago al que no estaba dispuesto a costearle una jubilación anticipada; ¡En este país el que quiere trabajar, trabaja!, decía echando espumarajos por la boca cada vez que sacaba el tema.  

 Las llamadas se sucedieron con el timbre acompasado y frío de cada intento de conectar, sin que nadie al otro lado descolgase. Desistió.

 Ella estaba en una reunión de trabajo, sin tener a mano su celular; cuando terminó y vio las quince llamadas perdidas de su padre, un escalofrío le corrió por toda la espalda.

 Alguien entraba en el despacho y avisaba del jaleo que había en la calle, coches de policía acordonaban la zona del paso elevado del ferrocarril. Entonces ella institivamente lo comprendió; sin decir nada salio corriendo a la calle, hasta llegars a la zona de la cinta que marcaba el perímetro que no permitía el paso a vecinos y curiosos; un policia municipal le paro en seco, no permitiéndole avanzar ni un paso más; fue entonces cuando, entre la muralla de sanitarios y agentes vió como un cuerpo, rodeado de un charco de sangre y tapado con una manta térmica, dejaba al descubierto las piernas y zapatos de un hombre.  

 Eran sus zapatos. No hacía ni dos semanas que se los había comprado;, en una hora les dio tiempo a ir a la zapatería, comer algo en un restaurante del centro y pasar por un cajero para darle trescientos euros, los últimos.

 Un llanto incontenible acompañado de un grito ahogado, le llegó a la garganta. De repente se quedó sin fuerzas en las piernas y no terminó en el suelo gracias al agente que antes la retenía y ahora la sujetaba, consciente de que la víctima y aquella mujer tenían algún vínculo. De lo que pasó después ella apenas tiene recuerdos. Una nebulosa de imágenes delavazadas y sonidos inconexos, le retrotaen a aquella hora infausta y a las que le sucedieron; incluso del entierro apenas tiene recuerdos objetivos; como si su cerebro quisiera enterrar esa imágenes porque podían hacerle todavía más daño. Tardó más de dos meses en volver a su oficina, afectada por una flojera que la dejó en cama sin fuerzas, casi inerte.

  Vidas que se separan, pero que se mantienen interconectadas, sin que la muerte elimine el nexo de unión. Hoy por primera vez visitará el cementerio y verá a su padre detrás de la fría losa de mármol que cubre sus restos. Será el comienzo de un nuevo vínculo amparado en el recuerdo, punto de partida de una cadena de acontecimientos que llevarán su vida por derroteros diferentes a los que había conocido hasta ese momento. Del dolor vino la reflexión y del pensamiento, la necesidad de obrar cambios, de eliminar elementos perniciosos de su vida.

 Cuando algo se acaba, otra cosa, comienza.

  

  

  

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