Señales
Sentado en la mesa de trabajo, miraba sin mirar una hoja excel con datos que tenía que volcar a una aplicación contable interna. Pese a las prisas de su jefe, que quería el reporte antes de las tres, sus ojos deambulaban sobre las celdas de la herramienta sin atinar con ninguno de los números.
Se levantó y fue al cuarto de baño a lavarse la cara, tras varios baños con las dos manos de agua bien fría, cerró el grifo y se miró al espejo. No se reconoció. Parecía otra persona, con la cara seca y escuálida y con los cercos bajo los ojos, de unas ojeras tan pronunciadas que denotaban sueño acumulado de muchos días, quien sabe si semanas.
Volvió a su mesa y se centró en lo que tenía entre manos. Cuando terminó la tarea y entregó el informe, fue a por un café bien cargado; sentado en una mesa solitaria del area de vending, volvió a entrar en la página de apuestas deportivas que se había instalado en el móvil.
Tenía la inscripción a medio terminar. La página le pedía datos personales, como una foto de su documento de identidad, así como el número de una tarjeta de débito para comenzar a operar. Eso le frenó en seco. Tenía miedo de compartir todos sus datos confidenciales así de sopetón. Dudaba y dudaba, al tiempo que la falta de liquidez que padecía y que tenía visos de recrudecerse por culpa de unos gastos imprevistos, no dejaba de atormentarle. Necesitaba de ingresos atípicos urgentes, que llegaran a su cuenta de inmediato; no había mejor manera de conseguir dinero rápido y fácil que aventurarse a conseguirlo a través del juego.
Dejó el teléfono y volvió al trabajo, hasta cumplir con su jornada. Bajó al garaje tras fichar, para recoger su coche y volver a casa. Los mensajes del grupo de whatsapp seguían conminándole a dar una vuelta por la Pradera de San Isidro con los amigos, pero ya se disculpó inventando una excusa que escondía la real: no tenía dinero para gastar en ocio.
Encendió la radio del coche y en la emisora que estaba presintonizada hablaba el presentador con un invitado que contaba sus tristes vivencias. Ludópata, había comenzado apostando en páginas on line, para continuar su andadura de juego y dinero por casinos, bingos e hipódromos. Todo un trayecto en forma de vertiginosa espiral que le llevó a gastarse cientos de miles de euros en apuestas, que lo arruinaron completamente, hasta el punto de estar a punto de vender un riñón en el mercado negro para conseguir financiación y liquidez.
- Si no fuera por mi hija, que me alumbró y me dio esperanza, nunca hubiera ido a la asociación en la que pedí ayuda para salir, porque sólo no lo hubiera logrado nunca . Sin ayuda es imposible salir.
No quiso escuchar más. Apagó la radio y apartó el coche a un lado de la calle. Fue entonces cuando rompió a llorar y se comenzó a preguntar cómo había llegado a eso, cómo se había agobiado hasta el extremo de plantearse jugar con dinero, por dinero. Cuando terminó el llanto, más calmado y desahogado, se conjuró consigo mismo para relativizar sus problemas y afrontarlos con naturalidad y con rigor también, buscando los medios de ir poco a poco normalizando su situación, sin caer en la trampa de buscar dinero por una vía tan imprevisible como peligrosa.
Poco a poco encontraría la salida. Cuando volvió a arrancar el coche se sonrió así mismo, sorprendido por la casualidad de que justo en el momento en que se planteaba comenzar su vida de jugador, alguien le aportase su experiencia en ese mundo.
No siempre las señales que ofrece el destino serían tan claras como las de aquella tarde, subido en el coche, de camino a casa, a través de la radio, como oyente anónimo que, sin quererlo, encontró de ese modo algunas de las respuestas que necesitaba.
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