Pequeños ejemplos
Nota cómo le mira por el rabillo del ojo, sin perder de vista lo que está haciedo delante del ordenador. Él está dentro de una sala de reuniones, atendiendo a una formación con otros compañeros.
Porque siguen siendo compañeros, de trabajo que no de vida.
Se consumó el divorcio en los papeles, pero no en la vida diaria, en lo físico. Trabajar en la misma empresa tiene esos inconvenientes, más si cabe ahora, que a él lo han traslado a la misma planta del edificio.
En casa sucede lo mismo, mientras no vendan el piso, seguirán viviendo bajo el mismo techo, aunque sea en habitaciones separadas, como compañeros de convicencia y no como pareja.
Pese a que se trata de una situación estacional, es sin duda una prueba de fuego, vivir al lado de quien no quieres tener en tu vida. En situaciones así observas la fortaleza mental, la entereza de algunas personas, capaces de separar el grano de la paja, de no mezclar vida personal y profesional, de continuar con todo, sin desconectar, que es lo ideal.
Vuelvo a mirar a mi compañera que ahora está imbuida en alguna cosa de trabajo y no presta atención a lo que ocurre en la sala contigua y me digo que no sabe cuánto la admiro, por ser capaz de no descomponerse, de seguir adelante, de seguir siendo profesional y de que, además, no se le note la incomodidad.
Estos son los pequeños ejemplos de la vida cotidiana que sacan a relucir el valor y la capacidad de las personas; pruebas de vida, la mejor manera de comprobar como es cada cual.
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