El 23

 Un día 23 se acabó. Punto y final, o eso parecía. 

 Otro día 23, volvió a retomarse. 

 23 meses más tarde. 

 Bajo el amparo y paraguas protector de San Juan, como si en medio de una fogata imaginaria, escrito en un papel, se hubiera lanzado al fuego el mal deseo para que las llamas lo consumieran, para después dar un salto sobre ellas y así terminar con el ritual.

 Y retomar el contacto. El punto y final que no era más que un  punto y aparte. 

 Hay cuadraturas de círculo difíciles de entender y menos aún de esperar. 

 Qué razones habrá detrás de esta reconexión, seguro que mucho más profundas que el clásico, es que hablando el otro día con alguien me acordé y... 

 ¿Demasiado tiempo para reengancharse? Nunca es ni mucho ni poco. Según para qué cosas el tiempo es relativo. Existencialismo aplicado a las relaciones humanas. 

  

  

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