Magro
Cada noche cuando se metía en la cama, sólo pedía una cosa, no despertarse.
Porque cada vez que lo hacía, ya fuera porque tenía que ir al baño, o porque se había desvelado por cualquier razón, luego le costaba dormirse.
Desvelos que encima venían cargados de lucidez, esa que viene con el silencio de la noche, sin trabas que hagan despistarse o perderse en ensoñaciones.
Es curioso, pero la mente se deja llevar más por el día que por la noche. Cuando decae la luz, vienen todos los pensamientos sesudos, pesados y complejos. Arriban las preocupaciones.
Viene la oscuridad y las soluciones sin medias tintas, contendentes, drásticas.
En una de esas noches, su cabeza planificó medio año, hasta el mes de junio.
24 semanas espartanas, carentes de ribetes de ostentación alguna.
Disciplina y ahorro, recogimiento y traquilidad hogareña. Receta.
Seis meses de lapsus, de recomposición.
A ver para entonces que determina la columna del haber y del debe.
Comentarios
Publicar un comentario