Insectos
Estoy sentado en una mesa de madera oscura, mis ojos apenas levantan la vista del único plato que hay sobre ella, aunque mi ángulo de visión me da para ver que estoy sentado con varias personas, de hecho reconozco la cara de una de ellas, Virginia, compañera de trabajo.
En la mesa desnuda sin mantel y huérfana de otros utensilios sólo sostiene ese plato de barro cocido esmaltado, sobre el que reposan unos trozos de carne semicruda, cortados en tiras, como suelen servirse cuando se pide carne a la piedra en un restaurante.
Sin embargo en el plato hay algo más que la carne, de hecho se mueve, pese a estar embadurnado por la grasa que suelta la comida. Moviendo sus patas veo la figura de un insecto, alargado y negro, lo miro con detenimiento y pronto me percato de que se trata de un grillo.
Le digo a mis compañeros de mesa que de niño solía ir a buscarlos al campo, que los sacaba de sus grilleras, agujeros excavados en tierra , cerca de donde hubiese mucha hierba, con una brizna de paja, que frotaba en el orificio como si tocase una zambomba; la insistencia acababa teniendo recompensa, saliendo el insecto, que había que dilucidar si era macho o hembra, algo que no siempre atinaba a la primera; los machos eran la pieza codiciada, porque son los que cantan en las noches de verano, los que acababan en la grillera de plástico que comprábamos en las ferreterías con una hoja de lechuga para alimentarlos en los pocos dias que sobrevivían.
Virginia no me escucha y pese a ver que el insecto se mueve en el plato, coge el trozo de carne que está a su lado y se lo come; entonces me callo y aparto mi mirada del plato y de la mesa; mis ojos miran al suelo y en él ven una columna de hormigas obreras, diligentes y trabajadoras, que siguen en formación y en marcha hasta los bajos de un mueble viejo, donde desaparecen; de ese mismo sitio salen otros bichos, con su exoesqueleto reluciente, más grandes, parecidos a cucarachas o a escarabajos, aunque no consigo determinar si son lo uno o lo otro.
Entonces digo que esto no tiene más solución que llamar a una empresa para desinsectar, porque con los métodos tradicionales y caseros tal ejército invasor es imposible de contener y menos aún erradicar.
Lástima no recordar nada más de este sueño para conocer el fin de su historia.
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