La bañera

 Me afano con el estropajo en raspar por la zona que veo más negruzca, parece como si la mugre no quisiera irse. Mientras sigue con mis maniobras observo cómo se acumulan en el fondo, cerca del sumidero por donde se escurre el agua, montañas de restos, pelos, hilos de tela, incluso hojas; parecen excesivas para una bañera tan pequeña.

 Sigo restregando la porcelana blanca y no dejo de mirar esa montaña de desperdicios. Me molesta. Termino por dejar de hacer lo que tengo entre manos y empiezo a cogerla a puñados, sacándola de allí, aunque no sé dónde la deposito; cuando vuelvo a ver mis manos vacías, vuelvo a la montaña y sigo sacando a puñados toda esa masa mezclada, inclasificable.

 Así me paso un tiempo indefinido, hasta que algo llama mi atención; una mujer vestida de verde, muy elegante, tocada con un sombrero, delante y frente a mi, en el pequeño cuarto de baño; desconozco desde cuando está ahí, mirándome.  Me dice algo; no consigo distinguir quién es, no la reconozco, tampoco sé lo que me está hablando.

 Intento incorporarme para acercarme, verla mejor y contestarle, más bien preguntarle qué es lo que quiere de mi. 

 Es entonces cuando me despierto. 

  

Comentarios

Entradas populares