Manzano

 

                        

 Historia de la contracultura. Hoy vuelvo a sentir el deseo de hablar de personajes abandonados, que en un tiempo tuvieron su momento de gloria, para acabar disipándose su trabajo y su recuerdo en el más absoluto ostracismo.  

 Fue un crío de barrio marginal, uno de tantos que pululaban por los barrios de extrarradio de las grandes ciudades a mediados de los años setenta. Miembro de una familia de ocho hermanos, de emigrantes manchegos que fueron a Madrid buscando oficio y beneficio.

  Residente en barrio de chabolas, eso que los franceses denominan bidonville, nunca fue a la escuela ni recibió atención como menor, convirtiéndose en uno de tantos niños abocados a la marginalidad, miembro de una familia desestructurada, sin formación, ni oficio, era cuestión de tiempo que acabase cayendo en las manos de la delincuencia y la drogadicción.

 Cosas del azar, el director Eloy de la Iglesia, muy al estilo de Pasolini, buscaba actores no profesionales para sus películas, en las que retrataba el mundo sórdido de la miseria el sexo y la heroína, se fijo en él, reclutándolo para algunos de sus proyectos. Máximo precursor de eso que se vino en denominar como cine quinqui y que durante mucho tiempo fue denostado, hasta que el paso de los años terminó por descubrir y reconocer el talento de esas cintas, así como  la valentía de contar en ellas historias que nadie quería saber. 

 Lo que comenzó como una relación profesional, fue más allá, alcanzando el ámbito de lo íntimo y personal. Maestro, mentor y amante, bajo la tutela del regidor vasco, Manzano comenzó una breve pero intensa carrera de seis películas y una breve aparición en una serie de televisión. 

 Sin duda el papel de atracador en La estanquera de Vallecas, con escenas que saltaban de la tensión a lo grotesco, protagonizada con la inolvidable Emma Penella, pasa por ser su interpretación cumbre.

 Igual que llegó, se fue; dejó de recibir ofertas de guiones y terminó volviendo a lo mismo, a delinquir; un paso fugaz por la carcel de carabanchel tras un atraco, le devolvió a su mundo, del que trato de huir sin suerte.

 Fue encontrado muerto en el año de las Olimpiadas de Barcelona, en un piso del centro de Madrid, próximo a la Estación de Atocha, propiedad de su mentor y amante que estuvo en busca y captura durante unas horas por mostrar el cuerpo inerte del actor, signos de una sobredosis de Heroina, pero también de violencia. Tenía veintinueve años.

 Con un manto de silencio y oscuridad, el caso se cerró como muerte por drogas, sin que trascendieran diligencias policiales o responsabilidad alguna de Eloy de la Iglesia en el fallecimiento; que durante muchos años, se negara a hablar del muchacho, ni siquiera a ver una foto, levantó muchas suspicacias al respecto.

 Enterrado en el Cementerio Sur de Madrid, sus restos fueron incinerados y arrojados a un cenicero común por impago de los gastos del nicho.

 Todo en la vida del James Dean de la marginalidad, como se le denominó, por sus rasgos faciales, (mentón cuadrado, ojos y mirada triste, a lo que añadía su caracteristico pelo rizado), parecía abocado a eso, a ser polvo que se llevase el viento, sin que recuerdo alguno quedase de su paso por este mundo, del que fue morador de un modo tan efímero como triste. 

Comentarios

Entradas populares