Silencio

 Se inclinó sobre la cama, con los brazos apoyados en forma de cuña, dejando sus pechos ocultos en la sábana de franela, de esa manera podía poner el culo más en pompa.

 Cerró los ojos y se dejó hacer. Notaba como su lengua húmeda acariciaba sus labios con ansia, como si quisiera sorber todo su contenido en poco tiempo; de cuando en cuando, mordía sus nalgas, que apretaba con frenesí como si quisiera deglurtirlas con desesperación; luego pasaba al ano, que penetraba con uno de sus dedos que hacían palanca y abrían un poco despacio para que se deslizara por ella su lengua. 

 Notaba como su respiración, intensa y acelerada trataba de seguir el ritmo de una boca que no se cansaba de comerla, aunque más que ingerirla, quería meterse dentro de ella, fundirse en su carne.

  Con un rápido giro, la tumbó de espaldas y le abrío las piernas. Diligente se cogió el miembro y lo puso en la rampa de lanzamiento, deslizándose suave gracias a su humedad que dejaba caer algunas gotas en la sábana. 

 Era tanta la excitación, que bastaron cuatro o cinco embestidas, violentas, para que se corriera. Con la eyaculación, soltó un último jadeo, un suspiro que parecía una expiración. Silencio.   

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