Caspa
Otra noche de sueños deslabazados e inconexos. En uno de ellos estoy en alguna parte rodeado de mucha gente, algo así como en un evento ceremoniosomultitudinario.
En un momento del sueño dirijo mi vista hacia mi mismo. Observo que llevo un jersey morado, de cuello de pico.
Esa prenda existe y está en mi armario; aunque me gusta especialmente, me lo pongo muy poco.
En un momento de mi visión onírica, mis ojos se dirigen hacia uno de los hombros y veo como mis manos sacuden con la mano la prenda, por culpa del diminuto cúmulo de motas de caspa, que destacan con ese color.
Siempre la caspa, siempre un hándicap ponerme ropa oscura.
En qué momento o por qué razón mi cabeza trae a colación ese tema, en pleno verano, con la ropa de invierno en el fondo del armario y con el problema de la caspa diluido gracias al uso de ropa de colores claros para ayudar a mitigar el calor o a sobrellevarlo más bien, es un misterio. Qué fascinante es el cerebro humano y aquella parte que procesa, gestiona y provee de información. Imágenes que salen de su sepultura, elementos perturbadores que condicionan y acomplejan, que están presentes en estados de no conciencia.
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