Okupas
Despierto atolondrado, con el nivel de consciencia aún sin llegarme plenamente y salgo de mi habitación.
En el salón me encuentro con una sorpresa; un chico está deslizando unas sábanas sobre el sofa camá que hay junto a mi estantería de libros. Al lado tiene una maleta abultada y sobre la mesa hay depositados una pequeña mochila y algunos enseres personales.
Al verme me sonríe y me saluda con un escueto, hola.
- Perdona, pero, ¿Quién eres?, le doy por respuesta.
- Soy tu nuevo compañero de piso, me dice con convencimiento.
Mientras le contesto con un no puede ser, veo que coge una carpeta y me enseña unos papeles que simulan ser un contrato de alquiler, firmado. En vez de letra de ordenador impresa como hay en el mío, me fijo en que hay mucha información escrita a bolígrafo, con letra muy grande y redonda.
Es entonces cuando sale otra persona a escena. Lo hace de detrás de una puerta. Resulta que mi piso ahora es más grande y tiene dos dormitorios en vez de uno. Cuando voy a preguntarle quién es, se anticipa, me agarra por un abrazo y me lleva a un lado apartado del inquilino del salón que se sienta y hace como que escribe en una libreta.
En voz baja me dice:
- Lo habrá enviado seguramente la propiedad, que querrá pedir más dinero por el piso con nuevos arrendatarios viviendo en él con un nuevo contrato. Es un okupa profesional, estará aquí el tiempo que haga falta incomodándonos, hasta que nos cansemos y nos vayamos. Esta gente son duros de pelar y están preparados para recibir golpes si hace falta...
Le escucho perpejo. Su cara me es desconocida por completo. Es más bajo y pesado que yo y tiene un pelo largo y rizado. Por cómo me habla parece como si nos conociéramos desde hace tiempo. Pasa por alto mis gestos aunque me mira fíjamente, mientras sigue su perorata:
-Si lo vemos muy mal, tengo un amigo que tiene un piso cerca del Valle de los caídos. Está un poco lejos pero es grande y estaríamos muy cómodos los dos...
No le contesto. En ningún momento le hablo. Me voy y salgo a la calle que no es mi habitual vía ancha de aceras y parques, sino un camino de tierra rodeado de cañas de humedal como si hubiera una playa cerca. Noto que me duele la cabeza porque me ha subido la tensión y la sangre se me acumula en el cráneo. Aparece a mi lado una amiga que no sé por qué la considero así, porque tampoco la conozco y me molesto con ella porque se pone a hablar en alemán con otro que anda detrás de nosotros y que ni siquiera veo. Por supuesto no entiendo lo que dicen.
Continuo caminando. Dejo atrás a mi supuesta amiga y a su interlocutor anónimo, pronto me quedo solo. Camino y camino con la cabeza baja, mirando las piedras del suelo. Hasta que la imagen se funde a negro y la historia, desaparece.
Me he despertado.
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