Día de la madre

 Sonó el despertador y lo apagó. 

 Llevaba tiempo despierto; las alergias de primavera se multiplican con la caída de la lluvia. Sin apenas poder respidar con la nariz congestionada, miraba por la ventana percibiendo en el horizante un cielo poblado de nubes amenzadadoras por su negrura; nubes panzudas a buen seguro cargadas de humedad.

Agua que es vida, pero que apaga los ánimos y aviva las conciencias. Agua que alimenta y saca a flote pensamientos y recuerdos.

 La cabeza comienza a centrifugar, en ese tambor de masa encefálica que atesora datos misteriosamente. Hoy es el día de la madre, ¿A cuántas madres conoce? Muy pocas gozarán del privilegio de la felicitación personalizada. En una escala de mayor a menor, la principal, la madre se llevará la palma, junto a la enamorada, para después diluirse en un torrente de mensaje de whatsapp en grupo que se alimentaran principalmente de postales ya creadas en internet. Cómo hacer de una celebración sentida un batiburrillo de felicitaciones insulsas y previsibles. Hasta lo emocional puede convertirse en banal.

 Piensa en que será un día que no celebrará de manera directa, entendiendo por tal, ser cómplice de la meternidad de alguna mujer. Nunca fue muy paternal, nunca tuvo ese proyecto vital con ninguna expareja. En realidad es un día por el que pasa muy de puntillas, por sentir que le es ajeno, que nada tiene que aportar ni que decir, pese a ser, hijo y además hermano, amigo, compañero y pareja de madres. 

 Es como si se tratase de un día fallido en el calendario. Tal vez por eso deambula por el desde bien temprano, apagado y apático, haciendo coro con ese mar de nubes oscuras que siguen adornando las techumbres de un cielo tan poco azulado de un tiempo a esta parte.

Comentarios

Entradas populares