Ínfulas vitales
Desayunando con compañeros de la oficina, necesitado de ser centro de atención, Paulo enseña la foto de un joven bien parecido, embutido en un abrigo de tres cuartos.
- Es uno de mis tres amantes, un venezolano de veintisiete años .
Sin que nadie de los comensales le pregunte, continúa con su relato, enseñando fotos de los otros dos compañeros de cama y lujuria, también muy jóvenes y de distintas nacionalidades.
- ¿Teneis una relación abierta, entonces? Pregunta una de las chicas, intrigada.
- No, ellos no saben nada de cada uno de los otros, además son encuentros esporádicos y recurrentes, así que sólamente es cuestión de organizarse bien...
Apostilla sus palabras enseñando una hoja excel, con los nombres de las parejas a distinto color y horarios y días diferentes. Nada como organizarse para sacar adelante una apretada agenda.
Paulo y sus adicciones, con los sesenta y cinco años recién cumplidos y apenas veinticinco de reconocida identidad sexual; salió del armario cuando descubrió que su mujer, después de quince años de matrimonio, le era infiel con otra mujer, a cuentas de su condición bisexual. Separados de mutuo acuerdo, comenzaron una nueva vida sin mentiras, sin suplantaciones identitarias y dos hermosos hijos que ya les han hecho abuelos.
Siempre fue amante de la imagen, del ejercio físico constante para pulir y cincelar un cuerpo que no tiene rastro de grasa alguna, coqueto y presumido sin límites, hace de su larga barba blanca de hipster, cuidadosamente cortada su seña de identidad. Su perfil de Instagram, rebosa de fotos con atuendos de todo tipo sin que haya escrita ni una sola palabra como texto, ni siquiera como comentario a pie de foto. Una imagen vale más que mil palabras.
_ Hay que salir de la rutina, no caer en la complacencia ni en las convenciones de vida de pareja; para ello lo mejor es variar, dice convencido al tiempo que amplia los detalles y se atusa la barba.
No hay nada como tener una noche loca de sexo salvaje, meterte una raya de coca y pasarte doce horas follando. Las sensanciones que vives son indescriptibles, dice acompañando sus afirmaciones con gestos que muestran placer y gloria. Para eso lo mejor es buscárselos jovencitos, porque luego para dormir, es más tierno hacer la cuchara con un cuerpo terso y sin arrugas.
Mantiene a todo su aforo con atención intensa, que no pestañea y escucha sin interrumpirle. Paulo se sabe centro de atención, se regodea y se gusta; nada le produce en el fondo más placer que estar en boca de todos. El día que salió de su armario metafórico dio rienda suelta a sus ansias de exhibicionismo, sin que este se atenúe con el paso de los años y la llegada de las arrugas y el ocaso.
Termina el desayuno y sale el primero, como avanzadilla de su rebaño de seguidores que comparten a partes iguales la sorpresa y admiración por una vida que tiene poco de convencional, acorde con el personaje y sus ínfulas vitales. Con destreza lleva a sus adláteres hacia la oficina de vuelta, para que cada cual se aposente en su silla, delante de su ordenador y se disipe en las cuitas de su propia vida. Las comparaciones siempre son odiosas.
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