Suicidio
En una posición incómoda, como en escorzo, estirado en diagonal sobre una especie de canoa o piragua de plástico, así se encontraba mi cuerpo, del que sólo acertaba a ver mis piernas, sobre las que lucía un pantalón caqui de pinzas, atuendo poco válido para andar en una embarcación a remo.
Además de mi cuerpo estirado, mis opciones de visión se reducían a una especie de ventana, ubicada a mi derecha, un rectángulo perforado sobre una especie de superficie de lona, que aunque no veo, siento que cubre y protege a toda la embarcación.
Por esa ventana es cuando le veo salir a él, un periodista radiofónico, para lanzarse al agua; lleva un micrófono amarillo con el anagrama de su emisora; le dejo hacer, hasta que desaparece por completo de mi vista y el chapoteo me confirma que ya ha llegado al agua.
Mis ojos vuelven a dirigirse hacia mis piernas y por un momento pierdo la noción tiempo; no consigo apercibimirme del lapso que transcurre desde que oigo el chapoteo y reacciono.
Es entonces cuando algo dentro de mi dice que algo no va bien y abandono mi estado de parálisis; mis ojos vuelven a buscar datos por la ventana, a ella me acerco y me asomo; miro hacia abajo y es entonces cuando veo flotando el cuerpo del periodista. Justo en el momento en que mi mano se aproxima rauda a su chaleco para intentar alzarlo y sacarle la cabeza del agua, lanzo un grito y me despierto.
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