La presentación
Estaba muy nerviosa, no hacía más que colocarse el cuello de la chaqueta y ajustarse la blusa de debajo. Entre bambalinas, detrás del cartel de tamaño de persona que anunciaba el título de su nueva novela, con una imagen de su cara, con una de sus radiantes sonrisas y un paisaje floral detrás, en sintonía con el argumento de su nueva historia.
El pequeño salón de actos ya estaba de bote en bote. Apenas si quedaban un par de sillas libres en una de las filas de en medio, clásicos asientos que por vergüenza nadie se atrevía a ocupar. Poco a poco en el fondo, se iban amontonando más y más personas muchas de cuyas caras eran muy familiares.
Arropada con tanto cariño, por esa legión de fieles que libro tras libro, la seguían a cada puesta de largo, a cada nueva entrega de esa vida narrada que venía plasmando en sus creaciones desde hacía ya mas de veinte años.
Repasó varias veces el auditorio, buscando encontrarle. Era la primera vez que vendría a una presentación, apenas si se conocían desde hacía unos meses, cuando en un bar de Chueca coincidieron su grupo de amigos y el de ella, en un encuentro fortuito que acabó con una larga charla en dos bares hasta que les dieron las mil.
Se dieron los teléfonos, y tras una semana de whatsapp echando humo, llegó la primera cita, a solas. Desde el primer momento conectaron en gustos, sencillez y naturalidad; una cena de picoteo, sin ínfulas, a juego con el atuendo desenfadado, vaqueros y camiseta. Se pasó el tiempo volando y las ganas de seguir juntos crecían y crecían. Aquella noche hubiera dormido con él, pero compromisos familiares le reclamaban y obligaban a posponer el encuentro.
Volvió a mirar hacia la entrada, justo donde dos cortinones rojos hacían de frontera de acceso al recinto; fue entonces cuando lo vio entrar, con su camisa blanca y su chupa de cuero. Estaba guapísimo. Decidido se fue directo a uno de los dos sitios huérfanos de en medio, ocupando el que daba justo al pasillo de acceso a la mesa que presidiría el acto. Instintivamente él dirigio la mirada hacia el cartelón promocional, detrás del cual ella le miraba derritiéndose. Sus ojos se cruzaron y una sonrisa salío de ambas bocas. Como en las películas, nada ni nadie les rodeaba en ese momento. Bastó una mirada de él para que sus nerviosos se aplacaran y ella volviera a su estado normal.
El acto fue un éxito, una pequeña e íntima charla entre editora y escritora, mostrado algunos pasajes de la novela para enganchar a un público más que proclive a ello. Tras dos horas de fotos, firmas y besos, que liquidaron los cien ejemplares de la primera tirada, al fin se quedaron sólos. Cogidos de la mano salieron del centro cívico y se internaron en las calles aledañas, confundiendose entre los viandantes, inquilinos de la noche que ambos querrían que fuese eterna.
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