Mujer muerta

 Tengo una mujer muerta de fondo de pantalla en mi teléfono.

 Es una mujer hermosa,  de ojos grandes y claros, de mirada expresiva. Guapa como una muñeca, luce una melena rubia impresionante. Cuando le cae el pelo a ambos lados de la cara, transforma su mirada y rasgos dulces en una mujer voluble y deseada.

 Es como un imán, que me atrapó la primera vez que la ví. Amor platónico desde la más tierna adolescencia,acentuado tras conocer su terrible final.

 Tengo una foto de Sharon Tate en mi teléfono. La saqué de una página de fans de Facebook. A diario  publican fotos suyas en diferentes poses, con todo tipo de conjuntos o ropa de baño, con el pelo recogido o con su maravillosa melena suelta. 

 De entre todas las que he visto elegí ésta donde luce una hilera de dientes perfectos, en una media sonrisa que encuentro cautivadora, que realza su belleza extraordinaria. No me la imagino comiendo en una barbacoa texana, ni vistiendo ropa vaquera en un rodeo; no me la imagino en ninguna de esas imágenes que son clichés propios de la tierra que le vio nacer.

 Era modelo, no me extraña, y empezaba a despuntar como actriz, consiguiendo papeles cada vez más notorios en su aún incipiente carrera cinematográfica; su unión sentimental con Polanski, de quien estaba embarazada cuando fue asesinada,  ampliaba todavía más esas expectativas. 

 Con sólo veintiséis años, le arrebataron la oportunidad de seguir viviendo, de seguir disfrutando de su belleza y talento. Unos fanáticos malnacidos, que la torturaron y acuchillaron hasta la muerte, en un ritual de locura inimaginable. 

 Desde ayer esa mirada dulce , luce en mi smarphone nada más encenderlo, como una especie de totem que más que recuerdo u homenaje, es una personalización que busca dulzura y ternura, esa que ahora quiero porque la necesito en momentos de baja estima.

 Tengo una mujer muerta en mi teléfono, como tan muerto parece mi corazón, ahora que ya no está ella. Cerrada la última puerta, después de confirmar el adiós, de ver desaparecer su cara y su foto,  sólo se abre paso la melancolía de un recuerdo que aspira a difuminarse, o tal vez, no.

 Amor fetichista, de instantánea. Consuelo y alivio tan efímero como absurdo. Foto de muerta para un amor, también muerto.  

Fin.

 

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